Marta y las lentejas parlantes
Había una vez una niña llamada Marta a la que no le gustaban las lentejas, pero su mama le obligaba a comérselas.
Ella en alguna ocasión las escondió o vomitó, aun así su mamá por la educación que había recibido se las volvía a dar de comer a su hija, ya que antiguamente se pensaba que los niños debían de comer de todo para poder ser adultos prósperos.
Un día la niña se quedó a solas mirando a las lentejas, le pareció ver que un polvo brillante caía sobre el plato pero no le prestó atención.
Marta dijo: "¡Qué feas sois!¡Qué mal sabor tenéis! No os quiero dentro de mi ¡¡¡Os odio!!!"
De golpe, el plato empezó a tambalearse y una de la lentejas se hizo grande, algo más que su dedo gordo.
La Lenteja dijo: "¡Hola Marta! Soy la representante de todas las lentejas. Tengo un mensaje que darte."
Marta no sabia que hacer, pensó en salir corriendo pero tenía curiosidad por ver que le decía La Lenteja.
La Lenteja dijo: "Te obligan a comernos porque quieren lo mejor para ti, quizás se equivocan en la manera de hacerlo, pero no hay otro alimento con nuestra composición única y especial. Nosotras solo queremos cosas buenas para ti. ¿Hay algo que nosotras podamos hacer para ayudarte?"
No sabemos la respuesta, solo sabemos que desde ese día Marta comía lentejas con la alegría de saber lo nutritivas que eran para ella, siempre y cuando sea en su justa medida.